CELEBRANDO LA VIDA

CELEBRANDO LA VIDA
TONY CASTELLANOS CON EL COLECTIVO SENDERO DE LUZ

30.9.15

LA QUEMA DEL DIABLO. Por: Teresa Del Bosque.


De la Antología de Cuento: “Sueños en tinta”, Letraskiltras, Chile, 2014



       Era la fiesta de la Virgen de Mercedes y toda la gente lucía sus mejores vestidos, el atrio de la Iglesia parecía un perfumado jardín con mariposas de colores. Por las  calles empedradas se paseaba la alegre carroza escoltada por los infaltables músicos y los fascinantes “viejos”, que con sus máscaras asustaban a cualquiera. Pero alguien no estaba en el desfile…¡Claaaro! ¡El inconfundible de dos cuernos y gran cola!  ¡El señor Diablo!

 

       El Diablo, mientras tanto, corría y corría sofocado por escabrosos atajos, dado que estaba retrasado en el festín. De repente un anciano ─que escuchó tan sólo el ruido─ se echó a correr muerto de miedo y dando un vistazo atrás, detectó al Diablo que corría en la misma dirección que él, en ese momento un sudor helado recorrió su cuerpo que se le puso más pesado, pero no dejó de correr.

       Cada uno en su afán:  desesperados saltaban cercos, ríos, zarzales, hasta que al Diablo se le ocurrió pensar: “Jimmmm, éste cree que soy un espíritu y quiero ganar su alma”, entonces le gritó:

─¡Hey! ¡Soy yo, el Diablo de la fiesta!, mas el anciano ─que iba sumamente espantado y enloquecido─ creyó oír: “¡Detente viejo, que ya estás en mi costal!”

       De repente el hombre tropezó y cayó, sin  pensarlo dos veces el Diablo se lo echó al hombro y, casi exhausto, llegó al desfile cuando ya todo había pasado.                            Muy disgustados sus compañeros viejos le replicaron:

─¡Vos!, por andar asustando gente no viniste a la alegría de las carrozas y a bailar con nosotros. ¡Irresponsable! ¡Por eso, a las doce de la noche te chamuscaremos la cola y los cachos, como castigo!

 

       Y así fue, esa noche, después de ponerle la pólvora le encendieron fuego.      La gente gritaba llena de alegría por la novedad… Pero espérense, también el anciano se carcajeaba, a pesar del susto que se llevó con “don Diablo”.

 

       Desde ese entonces ─en la fiesta de la Virgen de Mercedes─ no puede faltar la quema del Diablo a las doce en punto de la noche.                  

 

Era la fiesta de la Virgen de Mercedes y toda la gente lucía sus mejores vestidos, el atrio de la Iglesia parecía un perfumado jardín con mariposas de colores. Por las  calles empedradas se paseaba la alegre carroza escoltada por los infaltables músicos y los fascinantes “viejos”, que con sus máscaras asustaban a cualquiera. Pero alguien no estaba en el desfile…¡Claaaro! ¡El inconfundible de dos cuernos y gran cola!  ¡El señor Diablo!

 

       El Diablo, mientras tanto, corría y corría sofocado por escabrosos atajos, dado que estaba retrasado en el festín. De repente un anciano ─que escuchó tan sólo el ruido─ se echó a correr muerto de miedo y dando un vistazo atrás, detectó al Diablo que corría en la misma dirección que él, en ese momento un sudor helado recorrió su cuerpo que se le puso más pesado, pero no dejó de correr.

       Cada uno en su afán:  desesperados saltaban cercos, ríos, zarzales, hasta que al Diablo se le ocurrió pensar: “Jimmmm, éste cree que soy un espíritu y quiero ganar su alma”, entonces le gritó:

─¡Hey! ¡Soy yo, el Diablo de la fiesta!, mas el anciano ─que iba sumamente espantado y enloquecido─ creyó oír: “¡Detente viejo, que ya estás en mi costal!”

       De repente el hombre tropezó y cayó, sin  pensarlo dos veces el Diablo se lo echó al hombro y, casi exhausto, llegó al desfile cuando ya todo había pasado.                            Muy disgustados sus compañeros viejos le replicaron:

─¡Vos!, por andar asustando gente no viniste a la alegría de las carrozas y a bailar con nosotros. ¡Irresponsable! ¡Por eso, a las doce de la noche te chamuscaremos la cola y los cachos, como castigo!

 

       Y así fue, esa noche, después de ponerle la pólvora le encendieron fuego.      La gente gritaba llena de alegría por la novedad… Pero espérense, también el anciano se carcajeaba, a pesar del susto que se llevó con “don Diablo”.

 
       Desde ese entonces ─en la fiesta de la Virgen de Mercedes─ no puede faltar la quema del Diablo a las doce en punto de la noche.


Por: Teresa Del Bosque.

No hay comentarios: