CELEBRANDO LA VIDA

CELEBRANDO LA VIDA
TONY CASTELLANOS CON EL COLECTIVO SENDERO DE LUZ

18.6.11

La república que no existe III


Noté que el galopar de los caballos era casi como volar, por esa razón en poco tiempo llegamos al lugar donde se encontraba el gran líder del que me había hablado el indio.

Al llegar había cierta tranquilidad en el lugar, los indios jugaban con sus hijos y las mujeres conversaban entre ellas muy acaloradamente. Mi compañero de viaje me explicó: "Hoy es domingo en Tepetitán, en cualquiera de los pueblos dominados por los hijos de Tonatiuh a esta hora los hombres, mujeres y niños están trabajando angustiados por sacar su siembra, ya que este es el único día que los dejan trabajar para su propia comida, de lunes a sábado se trabaja para el amo, el domingo temprano todos tienen que asistir a la iglesia de los aliados de Tonatiuh, los hombres calvos vestidos de negro, recuerdo que cuando yo no era parte del ejército de nuestro libertador, una vez decidí no asistir a la iglesia para adelantar con la siembra en el pequeño terreno que me dió mi amo, si no lo hacía no tendría frijol ni maiz y mis hijos y mi esposa no tendrían qué comer, pero uno de mis vecinos me vió, le dijo al hombre vestido de negro, el que administra la iglesia, que yo no asistí y por eso llegaron a buscarme, me juzgaron frente a un tribunal que le llaman la santa inquisición, que no sé qué significa eso, y me condenaron a 20 latigazos y una semana de cárcel, en ese tiempo uno de mis hijos murió, mi mujer no alcanzó a sacar la siembra para mi familia. Aqui todo es distinto, aqui no vamos a la iglesia si no queremos, los que van lo hacen por voluntad; nuestro libertador nos dijo que no iremos al infierno por desobedecer a los amos, pero guardamos respeto por los que si van a misa, todos trabajamos para nosotros mismos en estas tierras que nos han repartido".

Me quedé en silencio al escuchar su relato, no sabía qué decir, otro de los indios se acercó a mi, me dijo que el libertador nos estaba esperando, llegamos al centro del pueblo y ahi, en una pequeña choza muy bien vigilada nos indicaron que podíamos desmontar, entramos al lugar donde nos tenían una comida con el libertador, en la parte trasera de la choza habían interminables rollos de alambres de púas enrollados, me dijo mi acompañante "estos son los alambres que vamos a quitar casi todas las noches de las tierras de los nonualcos, los hijos de Tonatiuh un día inventaron que nuestras tierras les pertenecían y empezaron a repartirsela, pero por la noche nuestras cuadrillas enviadas por el líder máximo salen y quitan todo este alambre, lo traemos aqui porque después nos sirve para delimitar el reino de los nonualcos, aqui en Tepetitán".

Una vez que entramos en la choza, habían tres hombres, uno de ellos era un cura, todos rodeaban a un indio que se encontraba al fondo de una mesa, era un pequeño hombre, de aspecto duro y serio, muy fuerte, con un cuerpo de músculos bien definidos, parecía que trabajaba mucho, sus manos eran grandes y llenas de callosidades, con cicatrices por todas partes, cabello largo y completamente negro.

"Extranjero, saluda a nuestro máximo líder, libertador del pueblo de cuscatlán y administrador de nuestra capital Tepetitán: Anastasio Aquino, de la tribu de los nonualcos".

El pequeño hombre se levantó de su silla, me miró a los ojos directamente de forma profunda, como penetrando en mi alma, me ofreció su mano, al estrechársela su rostro serio e inmutable dibujó una cordial sonrisa, "siéntese extranjero, cuando el viejo me dijo que venía creí que era un hijo de Tonatiuh, pero veo que es uno de los nuestros, ¿quién es su padre?"

Mientras me hablaba me indicó con su mano que me sentara, nos llevaron agua fresca y tomamos, le expliqué la forma en que había llegado a ese lugar y que no sabía como salir, El líder Anastasio Aquino me escuchaba con atención, a veces sonreía, no parecía sorprendido con los relatos fantásticos que le narré, y lamentó que yo no supiera el nombre del pueblo indígena del que provienen mis antepasados, ni el nombre de mis ancestros.

"Esa es la forma en que trabajan los hijos de Tonatiuh, nos quitan todo, hasta el nombre de los ancestros, nos dan un nombre extranjero, como los de ellos, a veces nos nombran con el apellido del dueño de la casa donde servimos, creyendo nosotros que eso es un gran honor, cuando en realidad nos están borrando todos los vestigios y memoria ancestral, nos quitan nuestro idioma, nuestros ritos, nuestras creencias, nuestros nombres indígenas y finalmente nuestras tierras y libertad, para hacernos creer que el único destino que existe para nosotros es el destino de la servidumbre, como los animales de carga que trajeron desde el otro lado del mar".

Era un hombre de pocas palabras, pero cuando hablaba todos guardaban silencio, inspiraba un gran respeto.

"Extranjero, tiene la oportunidad de ser testigo de nuestra lucha diaria, son pocos los que la han visto, y menos los que la entienden, la mayoría de los que luchan a mi lado morirán como ladrones sin nombre en la historia de los hijos de Tonatiuh, pero serán recordados por las estrellas, la tierra, el mar y el maiz eternamente como héroes, esta noche vendrá conmigo, solo una cosa le pido, cuente lo que verá aqui a cuantos pueda, porque la lucha de mi pueblo vale la pena ser contada".

Con esas palabras se levantó de su silla, inmediatamente los dos hombres que estaban con él salieron y dieron aviso que Anastasio iba a salir de la choza, un movimiento enorme inició afuera, escuché ruido de caballos, personas que se movilizaban y preparaban, mientras el indio Aquino salía las personas se agolpaban a saludarlo, estrecharle la mano, rodearlo y darle muestras de cariño que él devolvía, su trato con las personas era directo, no tenía guardaespaldas, pero nadie lo empujaba, podía caminar libremente.

"Vamos, hay que preparar la salida nocturna" me dijo mi compañero de viaje, salimos y me tenían listo un corvo y un caballo, mientras la tarde se mudaba de ropa para convertirse en noche estrellada, vestida de gala, esperando la salida de los nonualcos.




Por: Dodo

1 comentario:

Iris dijo...

¡Asombroso! ¡Anastasio Aquino! Excelente, amigo, cuéntanos mas por favor...